Aprendizaje esperado: Reconoce los principales procesos y acontecimientos mundiales ocurridos entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX.

Énfasis: Explicar los procesos y acontecimientos históricos: el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué vamos a aprender?

Adentrándote en el siglo XX, el propósito que guiará la sesión de hoy es: “Explicar los procesos y acontecimientos históricos: el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial”.

¿Qué hacemos?

Para iniciar se dirá que el historiador Eric Hobsbawm describió el siglo XX como un siglo corto que iba de 1914 a 1989, marcado sobre todo por las dos guerras mundiales y el enfrentamiento entre el capitalismo y el socialismo por la hegemonía mundial.

El historiador describe el comienzo del siglo XX de la siguiente manera:

De todos los acontecimientos de esta era de las catástrofes, el que mayormente impresionó a los supervivientes del siglo XIX fue el hundimiento de los valores e instituciones de la civilización liberal, cuyo progreso se daba por sentado en aquel siglo, al menos en las zonas del mundo «avanzadas» y en las que estaban avanzando.

Esos valores implicaban el rechazo de la dictadura y del gobierno autoritario, el respeto del sistema constitucional con gobiernos libremente elegidos y asambleas representativas que garantizaban el imperio de la ley, y un conjunto aceptado de derechos y libertades de los ciudadanos, como las libertades de expresión, de opinión y de reunión. Los valores que debían imperar en el Estado y en la sociedad eran la razón, el debate público, la educación, la ciencia y el perfeccionamiento de la condición humana […].

Sin duda las instituciones de la democracia liberal habían progresado en la esfera política y parecía que el estallido de la barbarie en 1914-1918 había servido para acelerar ese progreso. Excepto en la Rusia soviética, todos los regímenes de la posguerra, viejos y nuevos, eran regímenes parlamentarios representativos, incluso el de Turquía […].

A pesar de la existencia de numerosos regímenes electorales representativos, en los veinte años transcurridos desde la «marcha sobre Roma» de Mussolini hasta el apogeo de las Potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial, se registró un retroceso cada vez más acelerado de las instituciones políticas liberales […].

En definitiva, esta era de las catástrofes conoció un claro retroceso del liberalismo político, que se aceleró notablemente cuando Adolf Hitler asumió el cargo de canciller de Alemania en 1933.

Considerando el mundo en su conjunto, en 1920 había treinta y cinco o más gobiernos constitucionales y elegidos; en 1938, diecisiete, y en 1944, aproximadamente una docena. La tendencia mundial era clara”.

Hasta aquí la lectura.

Si te diste cuenta, la tendencia mundial a principios del siglo XX estaba en la reducción de los gobiernos liberales y, por tanto, en la restricción de derechos y libertades de la población; en buena medida debido a la expansión del fascismo y a los efectos de la Gran Depresión. La culminación de este proceso se daría con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, pero ¿cómo se dio ese cambio?

Como recordarás, cuando finalizó la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos de América se alzaron como la nación hegemónica en el mundo occidental.

Debido a las necesidades bélicas, muchas industrias en Alemania, Francia y Gran Bretaña tuvieron que destinarse completamente a la guerra, teniendo que depender de la producción norteamericana para satisfacer muchas de las necesidades básicas de la población.

Mientras el viejo continente intentaba pagar los préstamos adquiridos con los Estados Unidos de América, en esta nación se vivían los “Felices Años 20”, una década en la que el sueño americano se tradujo en un estilo de vida marcado por el consumismo. Gracias al aumento de los préstamos por parte de los bancos, la creciente clase media urbana gozó de la vida nocturna, los bailes de charleston, el cine y los primeros años del jazz.

Gracias al extendido uso de nuevas tecnologías, la producción industrial y agrícola aumentó considerablemente. Esto ocasionó lo que se conoce como sobreproducción: cuando se producen más cosas de las que se pueden vender o comprar.

Debido a este excedente de productos, los dueños de las empresas decidieron disminuir la producción, pero no fue suficiente porque continuaban sin poder vender lo que ya habían producido. Entonces comenzaron a bajar los precios, pero tampoco funcionó, por lo que tomaron medidas más drásticas, como despedir trabajadores; pero esto, de hecho, complicó aún más la situación, pues entre más desempleados hubiera, menos podían comprar mercancías, produciéndose un círculo vicioso.

En los meses siguientes, la producción y los precios se desplomaron como nunca. Se estima que 15 millones de trabajadores perdieron sus empleos tan sólo en Estados Unidos de América, y que la mitad de los bancos quebraron.

La crisis financiera sucedió en la Bolsa de Valores de Nueva York, donde cotizaban las mayores empresas del mundo en septiembre de 1929, y tuvo su momento más agudo el 24 de octubre, cuando la Bolsa se colapsó en el llamado Jueves Negro.

Esta crisis afectó rotundamente a los países cuya economía dependía de las exportaciones y créditos norteamericanos. Tal fue el caso de Alemania, en donde la falta del dinero prestado por este país imposibilitaba tanto el pago de la deuda de la guerra como su propia recuperación económica.

Los efectos de la Gran Depresión se enfocaron en el desempleo masivo y afectaron casi a todo el mundo. Esta crisis fue utilizada por los gobiernos fascistas para ascender al poder; ¿recuerdas qué características tuvieron estos gobiernos?

El fascismo era un movimiento político que apareció en Italia a principios de los años 20. Dentro de este movimiento se defendía la idea de que Italia había sido humillada en la Primera Guerra Mundial por no haber recibido más territorios.

Ante la escalada de huelgas y la crisis económica, el Partido Fascista y su líder Benito Mussolini anunciaron, en octubre de 1922, una marcha a Roma para tomar el poder. La estrategia de Mussolini funcionó y el rey Víctor Manuel II lo nombró primer ministro de Italia, abriéndole las puertas al régimen fascista.

Instalados en el poder, Mussolini y los diputados fascistas modificaron las leyes que les aseguraron un dominio total del Estado italiano. Mussolini prometió establecer un nuevo orden, por la fuerza si era necesario.

Se censuró a la prensa y se persiguieron los partidos políticos de izquierda, se aprobaron leyes que permitieron el arresto y encarcelamiento de cualquier persona por delitos políticos o parecer sospechoso, y se prohibieron las asociaciones culturales y políticas.

Como el fascismo se basaba en la idea de recobrar la gloria de una historia mítica de la cual venían, Mussolini buscó la expansión de Italia para “recuperar” la vieja gloria del Imperio romano.

Con esta visión, claramente imperialista, las tropas italianas iniciaron un conflicto armado en África para apoderarse del independiente Reino de Abisinia, hoy Etiopía. A pesar de esta situación, las potencias occidentales no quisieron intervenir para evitar nuevos conflictos en Europa.

Al igual que Mussolini, Adolf Hitler aprovechó el descontento social producto de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. El desempleo, la inflación y las excesivas demandas por parte de las naciones ganadoras de la guerra hirieron el sentimiento nacionalista alemán, lo que fomentó el surgimiento de grupos políticos radicales.

El más violento de ellos fue el Partido Nacional Socialista de los Obreros Alemanes o Partido Nazi, cuyo control asumió Hitler en el verano de 1921.

El nazismo se identificaba por un discurso nacionalista radical y por su antisemitismo y anticomunismo. Hitler también señaló la necesidad de un espacio vital en el que se desarrollaría la nación alemana, para lo cual necesitaba forzosamente expandir sus fronteras.

Los nazis establecieron diferentes cuerpos de coerción política, como las SS, o los campos de concentración, en un principio dedicados a prisioneros políticos y, más tarde, destinados para los grupos que consideraban inferiores.

El Estado nazi estableció leyes raciales que excluyeron a los judíos de la nacionalidad alemana, también prohibieron el matrimonio entre alemanes y judíos y el derecho a poseer negocios; además de que persiguieron a los homosexuales, gitanos e incluso a las personas con alguna discapacidad.

Después de establecer un dominio férreo de la sociedad alemana, los nazis empezaron a rearmar y a transformar su industria en una enorme fábrica de guerra. En octubre de 1935, Italia invadió Etiopía, y Alemania la apoyó.

En España se había desencadenado una guerra civil en donde se enfrentaba un bando liderado por militares de tendencia fascista católica contra los defensores de la república. Hitler y Mussolini apoyaron a los primeros, e incluso la fuerza aérea alemana bombardeó hasta destruir por completo las ciudades de Lídice y Guernica.

Para 1939, el mapa de Europa configuraba tres regímenes fascistas, dos de los cuales presentaban grandes intenciones de comenzar una guerra.

Las ansias expansionistas alemanas la llevaron a integrar a Austria y parte de Checoslovaquia a su territorio. Frente a ambos acontecimientos, las potencias occidentales sólo protestaron tímidamente.

Pero cuando Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939, era un hecho que Hitler buscaba expandir el nuevo Imperio alemán, por lo que Inglaterra y Francia le declararon la guerra.

Entre 1939 y 1942, la maquinaria de guerra alemana parecía imparable.

En tan sólo unas semanas habían destruido al ejército francés y obligado a su gobierno a rendirse, y a las tropas británicas, a abandonar el continente. Francia fue ocupada y comenzó una gran persecución de judíos.

En 1940, Hitler fijó sus ojos en Inglaterra. Sin embargo, a pesar de los constantes bombardeos a poblaciones británicas, la isla resistió y Hitler tuvo que virar hacia el este, a la región petrolera y minera de los Balcanes, y a los ricos campos agrícolas de la Unión Soviética.

Con apoyo de tropas de las naciones aliadas al Eje, que para ese momento habían avanzado sobre el norte de África, la alianza fascista se dirigió hacia la Unión Soviética, su enemiga ideológica. A pesar de los grandes números de las fuerzas soviéticas, eran aplastados por las tropas alemanas, que quemaban, violaban y destruían a su paso.

Pero todo cambió cuando los alemanes atacaron las ciudades de Leningrado, Moscú y Stalingrado. Poco estratégicas para la guerra, pero importantes por su valor simbólico para los soviéticos, las ciudades fueron asediadas durante semanas e incluso durante meses.

La llegada del invierno auxilió a los soviéticos, quienes recibieron refuerzos del extremo siberiano para comenzar así una ofensiva que, ante la escasez de recursos en las filas alemanas, avanzó como una aplanadora sobre las fuerzas del Eje. A partir de las derrotas alemanas en territorio soviético, se comenzó un punto de inflexión en la guerra en Europa debido a la alta pérdida de tropas y material de guerra que sufrió Alemania.

Del otro lado del mundo, el Imperio japonés había bombardeado en 1942 el puerto de Pearl Harbor, provocando la entrada de Estados Unidos de América a la guerra, que representó una gran fuerza para los aliados.

De esta manera se establecieron frentes de combate en las costas de Francia, en el norte de África para invadir Italia (la cual sería derrotada con relativa facilidad), y en el Pacífico para detener el poderío japonés.

Poco a poco las naciones aliadas fueron ganando terreno, hasta que las tropas soviéticas ocuparon la ciudad de Berlín, y después, ante las tropas occidentales, los alemanes firmaron su rendición.

En el océano Pacífico la situación era más compleja, pues el Imperio japonés, a pesar de las derrotas acumuladas y las pérdidas militares sufridas, se negaba a rendirse. Estaba dispuesto a pelear hasta el último hombre con tal de demostrar la superioridad nipona sobre la cultura occidental representada por los Estados Unidos de América.

Pero en este lado del Atlántico llevaba años gestándose un proyecto que, bajo su sombra, marcaría la posterior tensión entre las naciones, incluso hasta nuestros días: la bomba atómica.

La implacable resistencia japonesa y las enormes pérdidas norteamericanas, humanas y económicas, llevaron al gobierno del presidente Truman a lanzar no una, sino dos bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Tras esto, el fin de la Segunda Guerra Mundial sólo requirió una declaración pública del emperador japonés.

La Segunda Guerra Mundial es, por mucho, la peor guerra que ha sufrido el mundo. En todos los frentes, los gobiernos y las personas se negaban a rendirse: los soviéticos ante los alemanes, los alemanes ante los soviéticos, los japoneses ante los estadounidenses. Conoce más sobre el desenlace de esta situación, a través del siguiente video.

  1. La formación de los batallones del pueblo.

Revisa del tiempo 00:23 al 01:50.

Si quieres conocer más sobre el tema revisa tu libro de texto, también puedes recurrir a otros materiales en páginas confiables de internet o consultar a tu profesora o profesor de esta asignatura.

Has concluido el tema del día de hoy.

El Reto de Hoy:

En tu cuaderno u hojas blancas traza un diagrama de Venn o de conjuntos, como el que se muestra a continuación.

En él colocarás los procesos históricos estudiados en la sesión de hoy: la Crisis Económica de 1929 y el ascenso de los fascismos. En el centro explica la relación entre estos temas como causas de la Segunda Guerra Mundial; no olvides que puedes ilustrar tu esquema.

Para resolver el reto de la sesión, no dudes en apoyarte en tu libro de texto y los retos anteriores.

¡Buen trabajo!

Gracias por tu esfuerzo.

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