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Panorama del periodo III – Historia Tercero de Secundaria

Aprendizaje esperado: Ordena secuencialmente hechos y procesos desde el inicio del movimiento de Independencia hasta el fin del Porfiriato. Localiza los cambios en la organización política del territorio mexicano durante el Porfiriato.

Énfasis: Ubicar temporal y espacialmente el Porfiriato.

¿Qué vamos aprender?

Sin duda, este periodo es uno de los más controvertidos en la historia de México. Mientras algunos historiadores subrayan sus adelantos en materia de estabilidad política y crecimiento económico; otros estudiosos señalan, como las características notables, la dictadura política y la desigualdad social sufrida por la gran mayoría del pueblo mexicano.

Hoy en día, las investigaciones continúan dando pie al debate entre los beneficios económicos y las deudas sociales.

¿Qué hacemos?

Lee algunas respuestas que Porfirio Díaz le dio al reportero James Creelman. Esta entrevista fue traducida y publicada en el país, en 1908, por el periódico El Imparcial. Las declaraciones son consideradas un antecedente de la Revolución mexicana.

“Recibí este gobierno de manos de un ejército victorioso, en un momento en que el país estaba dividido y el pueblo impreparado para ejercer los supremos principios del gobierno democrático […].

El ferrocarril ha jugado un papel importante en la paz de México. Cuando yo llegué a presidente, había únicamente dos líneas pequeñas: una que conectaba la capital con Veracruz, la otra con Querétaro. Hoy día tenemos más de 19,000 millas de ferrocarriles.

El servicio de correos que entonces teníamos era lento y deficiente, transportado en coches de posta, y el que cubría la ruta entre la capital y Puebla era asaltado por facinerosos dos o tres veces en el mismo viaje, de tal manera que los últimos en atacarlo no encontraban ya nada que robar.

Tenemos ahora un sistema eficiente y económico, seguro y rápido a través de todo el país y con más de doscientas oficinas postales. Enviar un telegrama en aquellos tiempos era cosa difícil. Hoy tenemos más de 45,000 millas de líneas telegráficas operando […].

Empezamos castigando el robo con pena de muerte y apresurando la ejecución de los culpables en las horas siguientes de haber sido aprehendidos y condenados […] Éramos duros. Algunas veces hasta la crueldad. Pero todo esto era necesario para la vida y el progreso de la nación. Si hubo crueldad, los resultados la han justificado con creces.

Fue mejor derramar un poco de sangre para que mucha sangre se salvara. La que se derramó era sangre mala, la que se salvó, buena. La paz era necesaria, aun cuando fuese una paz forzada, para que la nación tuviera tiempo de pensar y actuar. La educación y la industria han llevado adelante la tarea emprendida por el ejército […].

He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado […].

Doy la bienvenida a cualquier partido oposicionista […]. Si aparece, lo consideraré como una bendición, no como un mal. Y si llegara a hacerse fuerte, no para explotar sino para gobernar, lo sostendré y aconsejaré, y me olvidaré de mí mismo en la victoriosa inauguración de un gobierno completamente democrático en mi país […]. No importa lo que al respecto digan mis amigos y partidarios, me retiraré cuando termine el presente periodo y no volveré a gobernar otra vez. Para entonces tendré ya ochenta años”.

  • ¿Qué te aportan las declaraciones del propio Porfirio Díaz sobre las características del Porfiriato?
  • ¿Por qué crees que esta entrevista es considerada un antecedente de la Revolución mexicana?

El Porfiriato, denominado así por ser Porfirio Díaz el personaje central de este periodo se define por los siguientes límites temporales: inicia en 1876 con su llegada al poder y concluye en 1911 cuando éste renuncia a la presidencia y abandona el país rumbo a Francia.

Pero antes de ser presidente, Porfirio Díaz fue un militar que apoyó la causa liberal. Durante la Intervención Francesa, entre 1862-1867, destacó en los campos de batalla y llegó a ser general de división. Comandó al ejército que derrotó a las fuerzas intervencionistas en la batalla del 2 de abril de 1867 en Puebla, ese enfrentamiento marcó el derrumbe del Segundo Imperio y la Intervención francesa. Sus eficaces acciones militares, a favor de la restauración de la República, le valieron fama y el mote de “héroe del 2 de abril”.

Después del triunfo de la República, en 1867, comenzó su lucha por llegar a la presidencia. En ese año contendió contra Benito Juárez quien resultó electo de manera apabullante. Para 1871, los mandatos duraban cuatro años, se postularon de nueva cuenta Benito Juárez, Porfirio Díaz y Sebastián Lerdo de Tejada.

En ese momento, en México, las elecciones se realizaban con un sistema indirecto de votación: los ciudadanos designaban a los miembros del colegio electoral, quienes, a su vez, elegían al presidente. Cabe señalar que se consideraban con derecho a voto los hombres de 18 años que estuvieran casados y los mayores de 21.

Para ganar, el candidato debía recibir 51% de votos; si nadie lo obtenía, la Cámara de Diputados lo nombraba. Nadie alcanzó los votos, pero Juárez fue el más cercano con el 47%, por lo que la Cámara de Diputados lo designó presidente, Lerdo presidió la Suprema Corte de Justicia, y Díaz se levantó en armas, en oposición a la reelección de Juárez, a través del Plan de la Noria, donde se puede leer:

“[…] Que la elección de presidente sea directa, personal, y que no pueda ser elegido ningún ciudadano que en el año anterior haya ejercido por un solo día autoridad o encargo cuyas funciones se extiendan a todo el Territorio Nacional […] Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder, y ésta será la última revolución”.

Durante ese año, Díaz promovió distintos enfrentamientos, pero todos fueron sofocados. Sin embargo, con la muerte de Juárez, el 18 de julio de 1872, el gobierno quedó a cargo de Lerdo de Tejada, quien asumió la presidencia de forma interina. Se volvieron a convocar elecciones donde Lerdo triunfó. En 1876, de nueva cuenta, Díaz se levantó en armas contra el intento reeleccionista de Sebastián Lerdo de Tejada bajo el Plan de Tuxtepec.

Acompañado del general Manuel González fueron a Texas a conseguir municiones, mientras Vicente Riva Palacio y otros partidarios lo secundaron. Díaz cruzó la frontera por Reynosa, pero fue derrotado en Icamole, Nuevo León, y huyó a Oaxaca, donde reunió a un ejército mayor que venció en la batalla de Tecoac, Tlaxcala. Al no poder mantenerse en el poder, Lerdo se exilió en Estados Unidos de América y Díaz entró triunfante a la Ciudad de México.

El 28 de noviembre de 1876, Porfirio Díaz asumió la presidencia de la República de forma interina y, tras unas elecciones extraordinarias, la retomó de forma constitucional a principios de 1877 y la conservó hasta 1880.

El general Manuel González, el principal aliado militar de Díaz, ocupó la presidencia entre 1880 y 1884. González promovió la creación de la red telegráfica, la ferroviaria y el establecimiento de un sistema bancario. También reanudó las relaciones diplomáticas con Inglaterra. Sin embargo, una crisis monetaria a finales de su periodo provocó acusaciones de corrupción y generó el rechazo por parte de las clases populares, quienes vieron con buenos ojos el regreso de Díaz.

Debido a que la Constitución de 1857 no prohibía la reelección, después de haber pasado un periodo presidencial, Díaz fue reelecto para gobernar de 1884 a 1888. A partir de entonces realizó adecuaciones a la Constitución para extender sus mandatos: en 1887 para que fuera reelecto por un periodo más, y en 1890 para que pudiera reelegirse permanentemente. En 1903, otra reforma amplió el tiempo presidencial por seis años, además de crear la figura de la vicepresidencia.

De esta forma, Porfirio Díaz ocupó la presidencia de manera ininterrumpida de 1884 hasta 1911. Durante ese tiempo, Díaz se reeligió siete veces. Resulta paradójico, pues años antes llegó a la presidencia gracias a una lucha antirreeleccionista. En 1911, ante el empuje de la revolución maderista, Porfirio Díaz presentó su renuncia.

Al estudiar el Porfiriato puedes identificar tres etapas:

La primera, su ascenso al poder. Esta fue marcadamente militarista, se apoyó en el ejército y en los generales que lo acompañaron en sus dos rebeliones contra Juárez y Lerdo, estos tuvieron un papel clave al hacerse cargo de las gubernaturas estatales y de las jefaturas de las zonas militares.

El historiador Francois Xavier Guerra señala que Díaz consolidó su poder, a finales de la década de 1880, mediante un hábil mecanismo de equilibrios entre las elites locales, la presencia e intervención del ejército y la imposición de sus hombres de confianza al frente de los poderes regionales.

Durante este mandato gobernó acompañado por liberales destacados, como Matías Romero en la Secretaría de Hacienda y Vicente Riva Palacio en la Secretaría de Fomento. Además, pudo reestablecer las relaciones diplomáticas con Francia, Estados Unidos de América y España, a cuyos capitalistas ofreció condiciones óptimas de negocios en el país, sobre todo en la construcción de infraestructura ferrocarrilera.

La segunda etapa fue a partir del regreso de Díaz a la silla presidencial en 1884. Este periodo fue el de mayor esplendor del régimen. Los actores decisivos ya no fueron los viejos generales porfiristas, sino la generación de intelectuales y administradores del gobierno federal, conocida como “Los Científicos”.

“Los Científicos” se sustentaron en el positivismo, escuela de pensamiento que aseguraba el progreso paulatino de la sociedad a través de la conducción de hombres de ciencia. Los positivistas establecieron el lema “Orden y progreso”, como máxima de gobierno. Este grupo estuvo capitaneado por José Yves Limantour y por Justo Sierra, quienes se hicieron cargo de la definición y aplicación de políticas públicas modernizadoras y desarrollistas, y quienes legitimaron la permanencia prácticamente vitalicia de Díaz en el poder.

El régimen devino en dictadura y Porfirio Díaz concentró en sus manos los hilos de la política nacional. Obtuvo el apoyo y la adulación de importantes intelectuales de la época. Uno de ellos, Francisco Bulnes, quien, justificando las reelecciones periódicas de Díaz, llegó a escribir: “el buen dictador es un animal tan raro que la nación que posee uno debe prolongarle no sólo el poder sino la vida”.

Durante estos años se superó la crisis económica y, gracias a la red ferroviaria, México se convirtió en un exportador de materias primas, como minerales y combustibles, necesarias para el desarrollo industrial de los Estados Unidos de América y las potencias europeas. A finales del siglo XIX, el comercio interno y externo estaba plenamente consolidado gracias a las interconexiones del ramal ferrocarrilero, también se establecieron industrias y empresas mineras de propiedad extranjera. Las haciendas se convirtieron en emporios agroindustriales, que crecían gracias a los despojos territoriales hechos a los pueblos vecinos.

Antes de continuar con la tercera etapa. Observa y escucha el siguiente video. Pon atención en algunos elementos, como los avances tecnológicos de la época, quiénes asistían a los eventos organizados por el régimen, qué edificios se conservan en la actualidad, y en ciertos rasgos de la vida cotidiana, como la vestimenta.

  1. Centenario de la Independencia/ INAH

Durante el Porfiriato, en 1910 se conmemoró el Centenario de la Independencia, los festejos incluyeron la inauguración de instituciones como el hospital psiquiátrico “La Castañeda”, monumentos y escuelas como la Universidad Nacional de México.

Los avances tecnológicos de aquella época, como la filmación, permite tener los registros en la actualidad.

Ahora continua con la tercera y última etapa del Porfiriato.

Ésta comenzó con el siglo XX y en ella afloraron las contradicciones generadas en las etapas anteriores. La desigualdad social, la miseria, el rezago y el abandono de la mayoría de la población mexicana eran una realidad a la que el Porfiriato no había dado solución.

En lo político, a diferencia de los periodos previos, en los que Díaz había tenido la habilidad de establecer equilibrios y contrapesos con los distintos poderes y elites regionales. En esta etapa se empezó a agudizar su carácter excluyente, Díaz mismo se fue quedando solo ante el envejecimiento de la generación con la que había conquistado el poder.

La administración pública monopolizada por “Los Científicos” careció de la habilidad política para resolver los desafíos creados por la modernización, como el crecimiento de las clases medias urbanas, la movilización de los trabajadores, la protesta de elites regionales desplazadas y el desafío de las oposiciones políticas que reclamaron nuevos espacios y enarbolaron demandas que no pudieron ser canalizadas por el sistema legal.

A principios del siglo XX era notoria la existencia de una dictadura económica y política en detrimento. Las clases populares, supuestas beneficiarias del progreso económico tan publicitado por el régimen, comenzaron a organizarse. La huelga de Cananea, Sonora, en 1906 y la rebelión de Río Blanco, Veracruz, en 1907, dejaron en claro el perfil más oscuro de la dictadura. Tanto la huelga de los mineros como la rebelión de los hilanderos fueron resueltas mediante la represión y la violencia, en el caso de Sonora incluso se permitió la entrada de norteamericanos para someter a los obreros mexicanos. Fue el principio del fin de la dictadura porfirista.

Las declaraciones dadas en la entrevista que Díaz concedió al periodista James Creelman de la revista Pearson’s Magazine, que leíste al inicio de la sesión, agudizó la oposición política.

Desde Coahuila, Francisco I. Madero, miembro de una de las familias más prósperas del estado, publicó La sucesión presidencial en 1910, donde criticó al gobierno de Díaz, acusó la falta de libertades políticas y la represión social utilizada para coartar las huelgas y a los opositores. Madero llamó a construir un movimiento político antirreeleccionista de alcances nacionales, fundar un partido político en una convención nacional y elegir un candidato a la presidencia de la República. Después de ser perseguido y encarcelado, una vez en libertad, Madero encabezó una revolución que estalló el 20 de noviembre de 1910, y que, tan solo en medio año, finiquitó la dictadura de Díaz.

El Porfiriato inició en 1876 con la llegada de Porfirio Díaz al poder y concluyó en 1911 cuando éste renunció a la presidencia y abandonó el país.

El régimen de Porfirio Díaz, que parecía inacabable y que celebró su glorificación durante las fiestas del Centenario de la Independencia de México en septiembre de 1910, cayó ocho meses después a causa de las demandas, movilizaciones y desafíos de nuevos actores y grupos políticos.

Ante el triunfo maderista, Porfirio dejó la presidencia el 25 de mayo de 1911. En su carta de renuncia se puede leer:

“El pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó su caudillo durante la guerra de Intervención, que me secundó patrióticamente en todas las obras emprendidas para impulsar la industria y el comercio de la República, ese pueblo, señores diputados, se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo es causa de su insurrección […].

Espero, señores diputados, que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional, un juicio correcto que me permita morir, llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas”.

Al día siguiente, el 26 de mayo de 1911, desde el puerto de Veracruz partió a su exilio en Francia, donde pasó los últimos cuatro años de su vida.

El Reto de Hoy:

Retoma el reto de las sesiones pasadas, es decir, la línea del tiempo. Ahora incorpora el proceso histórico del Porfiriato y los hechos históricos más relevantes que dieron tránsito entre las últimas décadas del siglo XIX y primera del XX.

Puedes apoyarte en tu libro de texto de Historia de México de tercer grado.

¡Buen trabajo!

Gracias por tu esfuerzo.

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