Aprendizaje esperado: Identifica la diferencia entre los argumentos basados en datos y los basados en opiniones personales.

Énfasis: Diferenciar entre información sustentada en hechos y en opiniones.

¿Qué vamos a aprender?

Para argumentar de manera adecuada, debes procurar centrarte en información objetiva y con pruebas contundentes, tratando de evitar caer en gustos o inclinaciones personales.

Recuerda que todo lo que aprendas en esta sesión es para reforzar tu conocimiento. Te recomendamos llevar un registro de las dudas o inquietudes que surjan durante la sesión, algunas de ellas las podrás aclarar al consultar tu libro de texto. Anota las palabras clave o ideas centrales que te ayuden a seguir de mejor manera el contenido.

¿Qué hacemos?

Alguna vez te has encontrado en una situación en la que, un amigo, o amiga, no se pueden poner de acuerdo en algo. Cuando se trata de tomar una decisión, cada uno expone los argumentos por los que considera que tiene la opinión adecuada.

En el día a día, sueles encontrarte en este tipo de debates. Por eso es importante entrenarte y saber cómo argumentar de la manera más adecuada.

Para iniciar, darás lectura a: “El agua se acaba”, un artículo que surge de una investigación de Santiago Ferrada.

Antes de comenzar, reflexiona sobre los siguientes aspectos.

  • ¿Te parece que es exagerada la idea de que el agua se acabará?
  • ¿Crees que se susciten conflictos entre países por el desabasto de agua?
  • ¿Quiénes serán los verdaderos responsables del problema de escasez del líquido vital?

El agua se acaba y con ello se pone en riesgo nuestro estilo de vida. No es un mensaje apocalíptico ni tampoco una amenaza propagandística, simplemente es la realidad.

1750 años antes de nuestra era, ya se hacían manuales para optimizar el uso del agua, pero no hemos sido capaces de aprender lo suficiente sobre este problema. Por ello, hoy en día, se calcula que unos 300 conflictos armados, guerra de Siria incluida, se ven recrudecidos o tienen su origen en el agua.

Lo que sí queda claro, por desgracia, es que el agua seguirá siendo el motivo por el cual se generen más conflictos durante el siglo XXI.

Me parece que cada que escuchas acerca de determinados temas, emites una opinión. Sobre todo, si éstos son de interés público.

Es verdad, y el poder expresarte libremente es un derecho. Sin embargo, externar tu opinión, no la convierte en un argumento. Queda simplemente como un juicio referente al tema del que estemos hablando.

El último informe de la ONU sobre el desarrollo de los recursos hídricos, recordaba que en estos momentos se estima que hay 3.600 millones de personas en el planeta (casi la mitad de la población mundial) que viven en áreas con riesgo de sufrir escasez de agua al menos un mes al año. En 2050, esa población en zonas de riesgo podría llegar a alcanzar entre 4.800 y 5.700 millones.

La primera gran urbe con problemas ha sido Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Sus habitantes tuvieron que sobrevivir más de cinco meses con un consumo máximo permitido por persona de 50 litros diarios. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que son necesarios 100 litros por persona al día, pero en ciudades como Lima (Perú) el consumo alcanza los 250 litros diarios.

Ciudad del Cabo no es la única en problemas.

Sao Paulo, Pekín, El Cairo, Yakarta, Moscú, Estambul, Ciudad de México, Tokio o Miami, son otras grandes ciudades con una gran probabilidad de quedarse sin agua potable en un futuro próximo.

En la segunda sección del texto, comienzas a notar que la opinión del autor ya no es lo único presente en el discurso, sino que también se comienzan a mencionar estudios realizados por instituciones, y algunas cifras, que hacen que la opinión se torne más creíble. Es decir, el autor comienza a argumentar. Pero, ¿qué es exactamente un argumento?

Los argumentos son unidades complejas compuestas por una idea central, un conjunto de ideas de soporte y una conclusión.

Su propósito principal es dotar de razones válidas a una idea para que ésta pueda fundamentarse sólidamente y, por consiguiente, se convenza al interlocutor de la autenticidad de tu punto de vista. Entonces, ese intercambio de ideas y razones está enfocado en persuadir o convencer a otros sobre un tema determinado.

Se utiliza para defender una postura. A este tipo de manifestaciones se les llama “argumentación”. Cuando argumentas, primero tienes que pensar en las características del público receptor del mensaje.

Con base en ese público al que esperas persuadir, debes organizar la información. Hay que seleccionar las evidencias que respalden tu punto de vista, de modo que tus argumentos sean más efectivos.

Pero entonces, ¿qué es una evidencia? Una evidencia es cualquier información, o dato, que sirva para sustentar la idea central de un argumento. Esta idea central se llama tesis.

Continúa con la lectura:

Agua. En 2030, la demanda de agua será un 40% mayor que ahora, debido al aumento de la población, la cual seguirá migrando a regiones donde el cambio climático no sea tan drástico.

Al aumento de la población y el cambio climático hay que sumarle un tercer problema:

El desperdicio de agua y lo poco preparados que nos encontramos para hacer frente a este rompecabezas que aún no hemos podido solucionar.

Las “interacciones hidropolíticas” son las relaciones entre países que comparten, por ejemplo, un río o un lago.

Éstas podrían tensarse al máximo cuando las reservas de agua estén por terminarse.

El portal Playground realizó una investigación con el fin de localizar las regiones concretas donde hay una alta posibilidad de que se desencadenen conflictos por el agua.

Las cinco zonas más destacadas del informe, corresponden a cinco cuencas de río: el Nilo, el Ganges, el Indus, el Tigris/Éufrates y el Colorado.

En el caso del Nilo, por ejemplo, los países involucrados en un posible conflicto serían hasta diez: Egipto, Kenia, Ruanda, Burundi, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Sudán, Etiopía, Tanzania y Uganda.

En el caso del río Colorado, los países implicados serían México y Estados Unidos.

Todos los datos duros que encuentras en el texto pueden ser considerados evidencias. Siempre que un argumento esté sustentado, se convierte en evidencia. Este sustento no necesita partir de investigaciones científicas o antropológicas.

Existen muchos tipos de evidencias, por ejemplo: datos numéricos, hechos o acontecimientos, anécdotas, ejemplos, proposiciones lógicas, etc. Y cada tipo de evidencia o prueba es útil en circunstancias determinadas, por lo que es muy importante tener en cuenta el perfil del receptor para elegir las más efectivas.

Si existen diferentes tipos de evidencias, entonces quiere decir que existen distintos tipos de argumentos.

A cada tipo de argumento le corresponderá alguna evidencia específica. Para defender una idea o fundamentar una opinión, puedes emplear una variada cantidad de recursos. Por ejemplo, en un debate sobre ciencia, quizá los argumentos deban estar permeados de evidencias científicas sustentadas en estudios, o ensayos clínicos.

Pero en un debate sobre literatura, quizá las evidencias consistirán en el empleo de la filología o incluso en datos estadísticos arrojados por encuestas. Cada argumentación tiene sus necesidades específicas.

Termina de leer el texto sobre el agua.

El problema del agua tiene muchas soluciones. Hace décadas que los científicos ofrecen su punto de vista sobre el tema, el avance de la tecnología ayuda a que, cada vez, exista más conocimiento y con ello se abran nuevas alternativas.

Sin embargo, la solución al problema no son avances tecnológicos que ayuden a reciclar el agua, regar desiertos, o desalinizar el agua salada del planeta; todo ello ayuda, pero no es suficiente.

El problema, en su mayor magnitud, no es el agua, somos nosotros. Debemos comenzar por concientizarnos acerca del uso que le damos día con día. Desafortunadamente, muchas veces pensamos que es un bien ilimitado.

Por último, un punto fundamental es dónde se encuentran los gobiernos y organizaciones gubernamentales.

Su labor debe estar focalizada en concienciar a la sociedad, incentivar una industria limpia y cometer acciones para el desarrollo de infraestructuras y alternativas, con miras al futuro, nuestro futuro.

En los detalles está el porvenir del agua, y esta vez depende de nosotros.

Tomar agua nos da la vida, tomar conciencia nos dará agua.

En el texto anterior encuentras diferentes recursos para argumentar.

El hecho de utilizar las evidencias también hace que el texto se lea con credibilidad, sobre todo cuando hacía alusión a investigaciones específicas o a declaraciones como las de la Organización Mundial de la Salud.

Ese es un punto fundamental. El citar cifras o declaraciones puede beneficiar tu argumentación. Pero no son la única estrategia, hay todo un abanico de posibilidades. Cuando utilizas una cita textual, un refrán o las palabras de un personaje ilustre o de un especialista, estas empleando lo que se llama un “argumento de autoridad”.

Por otra parte, cuando refieres a un ejemplo, real o inventado, para dar contexto a la situación y a la tesis, se trata entonces de un “argumento de ejemplificación”.

Si te vales de un dato verificable y específico, podría ser un acontecimiento, ya sea reciente o pasado, o bien una estadística o una experiencia real y replicable, estas entonces recurriendo a un argumento de “hechos”.

Mientras que, al invocar una verdad aceptada comúnmente, que dependa de la lógica o de los usos y costumbres, estas ante un “argumento racional”.

Finalmente, si aludes de manera implícita o explícita a algún sentimiento o emoción, te encuentras con un “argumento afectivo”.

Entiendes por qué es importante tener claro quién es el receptor de tus argumentos. Quizá en un debate escolar te convenga usar un argumento de autoridad o uno de ejemplificación.

Pero puede ser que, entre tus amigos o tu familia, llegue a funcionar de mejor manera un argumento afectivo o uno racional.

Todo dependerá del contexto y la persona con la que te encuentres debatiendo. Lo que debes tener bien claro es que un argumento es una prueba o evidencia que te ayuda a respaldar algo en lo que crees.

Un argumento es la expresión de un razonamiento que se emite de forma oral o escrita, y que tiene como objetivo persuadir o convencer a otro de lo que estas planteando.

Por ejemplo, en los debates. Los argumentos son esenciales en esta práctica, puesto que ayudarán a definir si tu posición es la ganadora o la perdedora.

Seguramente has escuchado el dicho: «hablando se entiende la gente”.

Cuando se tienen puntos de vista diferentes, hay que saber hablar para intentar convencer a los demás de tu opinión. Sin embargo, también hay que tener respeto. Puede que, en una de esas, los argumentos del otro te convenzan.

Al participar en una discusión, siempre es posible aprender algo. Las personas con quienes debates pueden aportar razones que tú no habías tomado en cuenta. O bien, puedes estar al tanto de detalles o información que desconocías.

En un debate, lo deseable es llegar a una conclusión común, con la que, de preferencia, todos estén de acuerdo.

Pero, ¿cómo puedes saber si, al momento de expresar tus argumentos, estas frente a un hecho o frente a una opinión?

Lo que diferencia a ambas posibilidades es que: Un hecho se puede comprobar; es decir, se puede verificar qué ocurrió en tal lugar, a tal hora, con determinadas personas involucradas. Así como las consecuencias del suceso. Es algo real y objetivo. Quizá, hasta medible.

Por otra parte, una opinión es un pensamiento personal. Puede ser sobre un hecho, sobre una persona, una cosa o un lugar. Las opiniones dependen de la subjetividad de quien las utiliza, y son susceptibles a cambiar con el paso del tiempo. Entonces un hecho es un mejor argumento que una opinión.

En primera instancia, sí, pero todo depende del contexto. Conoce algunas expresiones denominadas «marcadores del discurso». Estas sirven, entre otras cosas, para indicar el punto de vista o perspectiva con la que enfocarás un argumento.

Al introducir tu opinión, o tu punto de vista sobre un tema en particular, puedes recurrir a las siguientes formulaciones:

  • A mi juicio…
  • En mi opinión…
  • Me parece que…
  • A mi modo de ver…
  • A mi entender…
  • A mi parecer…
  • Opino que…

Con este tipo de enunciaciones también estás aclarando que, lo que estás por comentar, es un argumento de tipo personal, una opinión que estás manifestando.

Lo que no puedes perder de vista es que, si quieres que tu opinión tenga validez, también debes externar las razones que la sustentan.

Cuando externas tu opinión sueles utilizar el verbo “decir”. “Yo digo que ese color es muy bonito”. Pero también es bueno emplear sinónimos. Y en el caso de la argumentación, emplear otros verbos también le brinda distintas calidades a aquello que estas expresando.

  • Creer
  • Pensar
  • Opinar
  • Suponer
  • Sospechar
  • Imaginar
  • Considerar

Cada uno de estos verbos te remite a campos semánticos diferentes. A pesar de que son parecidos, plantean distintas posibilidades a la hora de armar tu discurso.

No es lo mismo decir “opino que no es lo correcto” que “sospecho que no es lo correcto”. A pesar de que son muy parecidos, la intención cambia.

Enriquecer tu lenguaje también ayuda a tener más herramientas al momento de estar en un debate. Con estos ejemplos también está aprendiendo sobre las distintas posibilidades al externar tus opiniones.

Realiza la siguiente actividad. Analiza los diferentes argumentos empleados en el siguiente texto.

El potasio y la sal del agua

El agua del mar contiene sal y potasio, dos elementos que —según una investigación de la Escuela de Medicina de Nippon (Japón)— ayudan a mejorar y aceleran el proceso de curación de las pieles dañadas por problemas como la dermatitis.

Una portavoz de la Asociación Británica de Dermatólogos explicó al diario que “el agua de mar tiene propiedades antisépticas y puede reducir una infección asociada con el eczema. También puede ayudar a curar la piel”. Sin embargo, recomienda limpiar la sal después del baño en el mar e hidratar la piel.

¿El autor de este texto argumenta utilizando hechos u opiniones?

En los dos párrafos del texto, el autor lo sustenta con hechos. Por un lado, menciona el estudio de una Escuela de Medicina en Japón, y en un segundo momento emplea lo que se llama “argumento de autoridad”, al citar lo que una experta en el tema tiene que decir.

Por eso el texto se lee convincente, porque en ningún momento se expresa una opinión personal. Todo se rige bajo fundamentos comprobables.

Analiza un último texto.

Los datos encontrados en el libro son duros, pero también hay momentos de risas que además hacen reflexionar sobre lo duro de la enfermedad y cómo las personas que la padecen ven el lado positivo de la vida, incluso en los peores momentos de su enfermedad. El relato en ciertos momentos resulta profundamente conmovedor y deja que los sentimientos afloren y se sienta empatía por todos y cada uno de los personajes del libro.

Probablemente, te habrás dado cuenta de que estas ante un informe sobre un libro. Aquí se expresa lo que la lectura provocó en esta persona, sin embargo, es un acontecimiento subjetivo.

Eso quiere decir que estas frente a una opinión, no frente a un hecho.

Es correcto. Y aunque siempre es válido externarlas, no hay que perder de vista que, en un debate, los puntos más fuertes siempre serán los hechos comprobables y documentados.

Cuando estés en la necesidad de expresar tu opinión, necesitas argumentar, para que ésta tenga validez.

Al participar en ejercicios como lo son los debates o los paneles de discusión, te encuentras con un tipo de comunicación que consiste en confrontar ideas u opiniones diferentes sobre un tema determinado. El objetivo de un panel de discusión es plantear, exponer y conocer diferentes posturas y argumentaciones, con la finalidad de que pueda llegarse a una conclusión.

También se utiliza el panel de discusión como técnica educativa y, por tanto, se aplica tanto en la educación básica como a nivel universitario.

Siempre procura poner atención en tus argumentos antes de externarlos. Revisar si hay hechos, investigaciones o autoridades que los respalden, o bien, si hay alguna manera en cómo puedes dar validez a tus opiniones.

Te sugerimos que, para afianzar los aspectos revisados, localices en tu libro de texto el Aprendizaje Esperado, también puedes realizar las actividades sugeridas en el libro, o bien, consultar tus apuntes. Lo importante es seguir aprendiendo.

Cada día, las personas están en constante interacción, ya sea a través de redes sociales o de manera presencial. Y día a día te vas formando juicios o ideas del mundo en el que te desenvuelves.

Estas ideas y percepciones son legítimas, sin embargo, es necesario tener en cuenta que no todos piensan igual a ti y en ocasiones puedes pensar erróneamente que tu opinión es válida, aún si no está sustentada por argumentos sólidos.

Es por ello que debes aprender a diferenciar los hechos verificables de los que no lo son. Y, sobre todo, abrirse al diálogo y a las distintas maneras de ver el mundo.

El Reto de Hoy:

Elige un tema de actualidad, investiga sobre éste en diversas fuentes y compara los argumentos que utilizan las diversas posturas en torno a él.

También puedes leer artículos de divulgación científica y analizar cómo se argumentan los datos en este tipo de textos.

¡Buen trabajo!

Gracias por tu esfuerzo.

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